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Mitos y conceptos erróneos

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Mitos y conceptos erróneos sobre el TDA/H:
Science over Cynicism
 (Ciencia, no cinismo) Por Phyllis Anne Teeter Ellison, Ed.D.

(Haga clic aquí para descargar este artículo.)

Mito # 1: El TDA/H no es un trastorno real
Mito # 2: El TDA/H es un trastorno de la infancia
Mito # 3: El TDA/H se diagnostica en exceso
Mito # 4: Los niños con TDA/H están sobremedicados
Mito # 5: Educar mal a los hijos provoca TDA/H
Mito # 6: A los niños de las personas pertenecientes a minorías se los diagnostica y medica en exceso por TDA/H
Mito # 7: Las niñas tienen niveles más bajos y menos graves de TDA/H que los niños

La percepción pública del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDA/H) está repleta de mitos, conceptos erróneos e información errónea sobre la índole, el curso y el tratamiento del trastorno. Da acuerdo con los conceptos populares erróneos, el TDA/H no es un trastorno o, al menos, es benigno y se diagnostica en exceso. Con frecuencia, los críticos aseguran que a los niños se los medica innecesariamente cuando los padres no han logrado controlar a sus hijos desobedientes, desmotivados o de menor rendimiento, o que procuran una ventaja académica (por ejemplo, exámenes o ubicación en el salón de clases) en ambientes educativos competitivos de mucha exigencia. Algunos sugieren que "una intolerancia creciente a la naturaleza juguetona de los niños en realidad podría estar llevando a que se considere que cada vez más niños tienen TDA/H" (Panksepp, 1998, p. 91). Rara vez, los críticos presentan argumentos basados en pruebas reales y con frecuencia alegan que los profesionales están perjudicando a niños, por lo demás normales, al diagnosticar y tratar el TDA/H.

Aunque se han reducido las barreras del tratamiento en los últimos años, hay un clima de inculpación, vergüenza, turbación y estigmatización que desalienta a algunos individuos a procurar ayuda para los trastornos mentales debilitantes como el TDA/H. Existen pruebas convincentes de que una gran cantidad de jóvenes con trastornos mentales diversos, incluyendo el TDA/H, no recibe atención, recibe una atención inadecuada o no apropiada en comunidades de todo el país (Informe del ministro de salud sobre la salud mental, 2001; Jensen et al., 1999; MTA, 1999). El Resumen ejecutivo sobre la salud mental: La cultura, la raza y la etnia, un complemento del Informe del ministro de salud (2001) indica que entre el 75 y el 80 por ciento de los niños y jóvenes con enfermedades mentales no reciben la atención necesaria. La información errónea con frecuencia demoniza a quienes necesitan un tratamiento para el TDA/H y podría disuadirlos de procurar la atención apropiada. Es factible que los padres eviten procurar ayuda profesional por temor de que se los acuse de ser malos padres o personas que medican innecesariamente a sus hijos. Los padres de los niños que padecen TDA/H a menudo reciben acusaciones de pretender medicar a sus hijos excesivamente traviesos, desobedientes o con problemas de conducta leves. Lo más probable es que los padres se estén esforzando por ayudar a sus hijos a enfrentar una serie de problemas serios y estén buscando ayuda porque los intentos anteriores de reducir el impacto del TDA/H han fallado. Los trastornos crónicos como el TDA/H, si no se tratan, resultan costosos para el individuo, su familia y la sociedad (Leibson et al., 2001). En general, los padres buscan ayuda profesional para el TDA/H después de largos períodos de deliberación, consternación e intentos fallidos. Resumiremos e intentaremos disipar algunos de los conceptos erróneos más comunes con respecto al TDA/H.

Mito # 1: El TDA/H no es un trastorno realM

Es una afirmación frecuente entre quienes consideran que la comunidad de psiquiatras, en complicidad con los laboratorios farmacéuticos, creó el TDA/H para mejorar el negocio de los consultorios privados y para aumentar las ganancias de los laboratorios. Según National Institutes of Health, el ministro de salud de los Estados Unidos y una comunidad internacional de investigadores clínicos, psiquiatras y médicos, el consenso general es que el TDA/H es un trastorno válido que tiene consecuencias graves para toda la vida (NIH, 2000; Informe del ministro de salud de los Estados Unidos, 2001). Los estudios de los últimos 100 años demuestran que el TDA/H es un trastorno crónico que tiene efectos negativos sobre casi todos los aspectos del funcionamiento social, emocional, académico y laboral diario (Barkley, 1998). Algunos estudios señalan que los niños con TDA/H presentan índices más elevados de otros trastornos psiquiátricos, mayor frecuencia de hospitalizaciones, más visitas a la sala de emergencia y mayores costos médicos totales que los que no padecen TDA/H (Liebson et al., 2001).

Cuando llegan a la adolescencia, los niños con TDA/H son más propensos a abandonar la escuela, no terminar la universidad, tener menos amigos y participar de actividades antisociales que los niños que no padecen TDA/H (Barkley, Fischer, Edelbrock, & Smallish, 1990). Los índices de uso de cigarrillos, alcohol y marihuana aparecen con mayor frecuencia entre los que padecen TDA/H y trastornos de la conducta, y fueron entre dos y cinco veces más frecuentes que en los adolescentes que padecían solamente TDA/H o los que no lo padecían. Más adelante, los adultos con TDA/H tienen dificultades relacionadas con el empleo, padecen depresión y trastornos de la personalidad, tienen múltiples accidentes automovilísticos y altos índices de enfermedades de transmisión sexual y embarazo en la adolescencia en comparación con los que no padecen TDA/H (Fischer, Barkley, Smallish, & Fletcher, 2002). Existen pruebas abrumadoras que sugieren que el TDA/H es un trastorno real que tiene consecuencias graves.

Mito # 2: El TDA/H es un trastorno de la infancia

En un principio, se pensaba que el TDA/H era un trastorno que podía superarse con el crecimiento (Ingram, Hechtman, & Morgenstein, 1999). Este concepto se ha eliminado gracias a estudios a largo plazo que señalan que entre el 70 y el 80 por ciento de los niños con TDA/H exhiben señales significativas de agitación y distracción hasta bien entrada la adolescencia y al principio de la adultez, mientras que un porcentaje significativo padece trastornos psiquiátricos comórbidos, fracasos académicos, aislamiento social y/o rechazo (Barkley et al., 1990; Barkley, 1998). Las investigaciones estiman que entre el 1,5 y el 2 por ciento de los adultos padecen TDA/H (Hunt, 1997) y entre el dos y el seis por ciento de los adolescentes lo padecen (Murphy & Barkley, 1996). Cuffe et al. (2001) hallaron que los niños con TDA/H persistente tienen factores de riesgo adversos y TDA/H más grave posteriormente en la vida. Los factores adversos afectan la expresión del TDA/H y aumentan el riesgo de trastornos relacionados que comprometen la adaptación durante la vida. Por lo tanto, el TDA/H es un trastorno de toda la vida que requiere un marco de desarrollo para un diagnóstico y tratamiento apropiados (Teeter, 1998).

Mito # 3: El TDA/H diagnostica en exceso

Los críticos aseveran que el TDA/H se diagnostica en exceso y que muchos niños a los que se les ha diagnosticado el trastorno en realidad no lo padecen. A pesar de estas aseveraciones, es difícil encontrar pruebas de que se esté diagnosticando en exceso el TDA/H o de que se estén recetando medicamentos estimulantes en exceso (Jensen et al., 1999). Además, Jensen et al. (1999) sugieren que "en algunos casos, es posible que el TDA/H no se diagnostique y/o trate" (p. 798). Aunque se trata de un problema complejo, los índices de prevalencia del TDA/H van del dos al nueve por ciento (Barkley, 1998). Los índices varían de acuerdo con las escalas de calificación utilizadas, los criterios para el diagnóstico, el uso de puntuaciones de límite y los cambios en los criterios de diagnóstico. Los índices de prevalencia aumentaron cuando el TDA/H, sobre todo el de tipo predominantemente inatento (TDA/H-PI), se agregó al DSM-IV (Wolraich et al., 1996).

Los cambios en las leyes sobre la educación especial de principios de la década de los 90 incrementaron la conciencia general con respecto al TDA/H como una afección incapacitante y sentaron bases jurídicas para el diagnóstico y tratamiento del TDA/H en el entorno escolar. Estos mandatos legales han aumentado la cantidad de servicios disponibles en las escuelas para los niños con TDA/H y podrían haber conducido inadvertidamente a que algunos llegaran a la conclusión de que el TDA/H es un trastorno nuevo que se diagnostica en exceso.

Mito # 4: Los niños con TDA/H están medicados en exceso

"Los críticos del tratamiento estimulante para los jóvenes que padecen el trastorno por déficit de atención / hiperactividad (TDA/H) han incrementado su retórica recientemente con el argumento de que el medicamento líder para el trastorno, Ritalin, se receta de manera excesiva y exagerada" (Safer, 2000, p. 55). Existen datos aparentemente contradictorios que contribuyen a esta confusión, por ejemplo, un aumento constante en el uso de estimulantes, a pesar de que la mayoría de los niños en edad escolar que padecen TDA/H no están medicados en la comunidad (Jensen et al., 1999).

Aunque se ha registrado un incremento en el índice de recetas de estimulantes y en la producción de metilfenidato, "es poco lo que se sabe acerca de por qué ocurren estos aumentos" (Jensen et al., 1999, p. 797). "La mayoría de los investigadores consideran que gran parte del aumento en el uso de estimulantes refleja un mejor diagnóstico y un tratamiento más eficaz para un trastorno prevalente". (Informe del ministro de salud, 2001, p. 149). Otros sugieren que los cambios podrían ser en función del aumento en los índices de recetas para las niñas y los adolescentes con TDA/H (Safer, 2000). El porcentaje de niños que reciben medicamentos de cualquier tipo es reducido. Goldman et al. (1998) informaron que el 2,8 por ciento de los niños de escuela primaria estaban medicados y que los estimulantes representaban el 99 por ciento de los medicamentos recetados. De modo que a pesar de que se ha incrementado la cantidad de recetas, se informa un índice general relativamente bajo de uso de estimulantes en los niños de edad escolar. Los médicos de la comunidad tienden a usar dosis que no son las óptimas, tienen menos sesiones de seguimiento y control, y cumplen menos con la medicación de lo que recomienda el estudio del MTA (Jensen et al., 2001).

Mito # 5: Educar mal a los hijos provoca TDA/H

Este concepto erróneo podría ser el más difícil de aclarar porque las características del estilo de educación de los hijos (por ejemplo, ser crítico, autoritario o negativo) y el mal manejo sí exacerban el TDA/H y aumentan el riesgo de trastornos comórbidos (como oposición desafiante y trastornos de la conducta; Barkley, 1998). Dos estudios simultáneos sobre el papel de los factores ambientales (como los estilos de educación de los hijos, la psicopatología de los padres) concluyen que los factores genéticos, y no un ambiente compartido, dan cuenta de la mayor discrepancia en los síntomas del TDA/H (aproximadamente el 80 por ciento; Goodman & Stevenson, 1989). Aunque las dificultades de el manejo influyen sobre los conflictos entre padres e hijos y el mantenimiento de la hiperactividad y los problemas de oposición de los niños pequeños (Barkley et al., 1990), Barkley (1998) concluye que "las teorías de causalidad del TDA/H ya no pueden basarse solamente y ni siquiera primariamente en factores sociales, como las características de los padres, su capacidad como cuidadores, de manejo de sus hijos u otros factores del ambiente familiar" (p. 176).

Otros factores podrían tener una función causal en las diferencias individuales de los síntomas del TDA/H, como la exposición a toxinas en el ambiente (por ejemplo, un nivel elevado de plomo en la sangre, exposición prenatal al alcohol y al humo de tabaco), pero no todos los niños expuestos a estos factores de riesgo tienen altos índices de hiperactividad, ni todos los niños que padecen TDA/H tienen estos factores de riesgo (Barkley, 1998). Además, el embarazo y las complicaciones del nacimiento no son más frecuentes en los niños que padecen TDA/H en comparación con los niños normales. Aunque otros factores (como por ejemplo, la adversidad familiar, la pobreza, la situación educativa o de empleo, el entorno del hogar, la mala nutrición, las toxinas ambientales y las prácticas ineficaces de crianza de los hijos) parecen no haber contribuido significativamente al desarrollo de los síntomas del TDA/H (consulte a Barkley, 1998 para leer una reseña), estos factores contribuyen a trastornos comórbidos y complican la efectividad del tratamiento.

Johnston y Freeman (2002) identificaron varias creencias inexactas o que carecían de fundamento científico por parte de los padres sobre las causas del TDA/H, como reacciones alérgicas o sensibilidad a los alimentos, problemas familiares como alcoholismo o los desacuerdos maritales, alto consumo de azúcar, disciplina inefectiva, hábitos de aprendizaje laxos, falta de motivación, etc. En este estudio, las creencias inexactas o "falsas" se relacionan con que los padres pensaran que sus hijos eran responsables de los síntomas del TDA/H (que los síntomas son intencionales y los niños pueden controlarlos) y con el uso de un tratamiento menos efectivo (como control de la dieta). Las percepciones y creencias de los padres sobre la índole del TDA/H se relacionan con los resultados del tratamiento (Hoza et al., 2000). Además, pensar que los síntomas del TDA/H son intencionales y controlables con frecuencia provoca la aplicación de prácticas severas, críticas y punitivas en la educación de los hijos (Johnston & Patenaude, 1994). Estos conceptos erróneos con frecuencia se abordan en los componentes de capacitación para padres de los planes de tratamiento multimodales.

Mito # 6: A los niños de las personas que pertenecen a minorías se los medica y diagnostica en exceso con TDA/H

El acceso al diagnóstico y tratamiento de las enfermedades  mentales varían de acuerdo con el sexo, la raza y el nivel socioeconómico (ESE), pero no de la manera en que podría predecirse. El Resumen ejecutivo sobre la salud mental, cultura, raza y etnia del Informe del ministro de salud de 2001 señala que los jóvenes afroamericanos podrían estar representados exageradamente en arrestos, detenciones, encarcelación, tipos de perturbación emocional y el sistema de bienestar infantil. Aún así, parece que los afroamericanos no reciben el tratamiento necesario para el TDA/H ni para otros trastornos de salud mental.

Las investigaciones sobre el TDA/H en los jóvenes afroamericanos también son escasas. En un estudio realizado con niños y jóvenes de escuelas públicas de Florida, Bussing et al. (1998) hallaron que la prestación de servicios para los niños afroamericanos era deficiente, a pesar de que no había pruebas de que el índice de incidencia del TDA/H fuera inferior a lo que se informa para los blancos. Bussing et al. (1998) hallaron que (1) apenas el 50 por ciento de los niños que padecían TDA/H recibía tratamiento, (2) las niñas estaban siendo marginadas tres veces más que los niños y (3) que era tres veces más probable que los blancos fueran remitidos a recibir atención que los niños afroamericanos. En algunos estudios sobre los índices de medicación entre razas, resulta que es entre 2 y 2,5 veces menos probable que los niños de las minorías étnicas sean medicados por TDA/H, en comparación con los blancos. (Safer & Malever, 2000).

El acceso al tratamiento resulta afectado por diversos factores que no están relacionados con la necesidad, como: (1) la falta de percepción de la necesidad, (2) las barreras en el sistema como la disponibilidad, el costo y el idioma, (3) las preocupaciones de que a los padres se les quitara la custodia de los hijos si procuraban servicios, (4) la estigmatización relacionada con la búsqueda de ayuda por enfermedades mentales y (5) el costo del tratamiento, la falta de un reembolso adecuado, la duración del tratamiento y el costo de los medicamentos (Bussing et al., 1998). Además, es más probable que los afroamericanos abandonen el tratamiento para la salud mental de manera prematura y menos probable que reciban atención. Las pruebas sugieren que los niños de las minorías no están medicados en exceso y en realidad podrían estar recibiendo menos atención de la necesaria para el TDA/H.

Mito # 7: Las niñas tienen niveles más bajos y menos graves de TDA/H que los niños

Según el Informe del ministro de salud sobre la salud mental de 2001, es menos probable que se diagnostique y se  ofrezca un tratamiento para el TDA/H a las niñas, en comparación con los niños, independientemente de la necesidad. Gaub y Carlson (1997) hallaron que las niñas con TDA/H tenían mayor deficiencia intelectual, pero niveles más bajos de hiperactividad y de exteriorización de los trastornos en comparación con los niños. Las niñas que padecen TDA/H presentan trastornos de interiorización más graves que los niños y ambos presentan más similitudes que diferencias en lo que respecta a los síntomas y las necesidades de tratamiento. Biederman et al. (1999) hallaron que las niñas que padecían TDA/H eran más propensas a los problemas de la conducta, los trastornos de ansiedad y del estado de ánimo, un coheficiente intelectual más bajo, y mayor discapacidad en la función social, familiar y escolar que las niñas no referidas. Sin embargo, los problemas de conducta fueron inferiores en las niñas, comparadas con los niños que padecían TDA/H, lo que podría dar cuenta de los bajos índices de referimiento en las muestras comunitarias y escolares. Las niñas de las muestras clínicas también tenían mayores niveles de abuso de sustancias, uso de alcohol, cigarrillos y otras drogas, y corrían un riesgo mayor de padecer pánico y trastorno obsesivo-compulsivo.

Finalmente, Rucklidge y Tanner (2001) hallaron que las niñas que padecían TDA/H estaban más afectadas que un grupo de control en lo que respecta a las medidas de depresión, ansiedad, autoestima, aflicción general por los síntomas y estrés. Las niñas que padecían TDA/H informaron tener relaciones tensas con sus profesores, pensamientos suicidas y episodios de lesiones autoinflingidas. En comparación con los niños que padecían TDA/H, las niñas con el trastorno informaron mayores niveles de aflicción general, ansiedad y depresión. También demostraron mayor hiperactividad, y déficits conductuales y cognitivos. Los padres y maestros notaron mayores niveles de falta de atención, hiperactividad, oposición desafiante, problemas de conducta, dificultades sociales, depresión y ansiedad. Es posible que las niñas informen más aflicción que los niños y podrían resultar más afectadas por factores ambientales que los niños con TDA/H (Rucklidge & Tanner, 2001). Por eso, las diferencias entre los sexos deben abordarse en su totalidad en estudios longitudinales y de tratamiento.

Los mitos y la información inexactos sobre el TDA/H deberían aclararse por medio de hallazgos científicos. Sin embargo, las "creencias falsas" populares, que con frecuencia se perpetuan por medio de argumentos emocionales o no analizados, hacen más mal que bien. Hacen poco por complementar nuestro conocimiento y mucho por disuadir a las personas de procurar ayuda y usar tratamientos efectivos para el TDA/H que han sido sometidos a un escrutinio científico riguroso.

Phyllis Anne Teeter Ellison, Ed.D., es presidente del comité asesor editorial y miembro del comité ejecutivo de CHADD (Children and Adults with Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder).

Referencias

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Este artículo apareció originalmente en la edición de junio de 2003 de la revista Attention!.

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